martes, 24 de septiembre de 2019

¡VAYA TRANCE!


Va a ser complicado, claro. La quiebra del gigante es un disparo a la línea de flotación. Empresas, trabajadores, el negocio en sí mismo, la estructura social y económica... Las repercusiones están aún por determinar pero la realidad se va a alterar y todo aquello se va a resentir.
Cierto que no es la primera situación de quiebra a la que se ha enfrentado el sector. Desde los años 70 del pasado siglo, hubo similares pero ninguna de este calibre que, además, pone blanco sobre negro un cambio radical en la gestión comercial del negocio. Creíamos que el sistema era eterno y que apenas experimentaría las variaciones de los adelantos tecnológicos: ya vemos que no es así.
El gigante de la turoperación, Thomas Cook, se ha fracturado con todo su poderío. Canarias, especialmente Tenerife, acusa las primeras consecuencias: unos treinta mil clientes se han visto afectados y ahora aguardan la repatriación puesta en marcha por el Gobierno británico que si no tenía bastante con resolver lo del brexit, ahora, en plena desazón, tiene que afrontar la suspensión de pagos de uno de los pilares de su economía.
Lo peor para Canarias como destino turístico es la conectividad que se resiente y que reduce sensiblemente sus potencialidades. Se ha sabido que Thomas Cook tenía entre sus planes, de aquí a finales de año, ofertar ciento quince mil plazas para Tenerife. Las cifras de tal oferta para los ocho primeros del año próximo ponen de relieve la preocupante dimensión de la fractura: más de doscientas trece mil plazas. Se supone que es el primer frente en el que han de operar administraciones públicas y los agentes privados. En ese sentido, las organizaciones hoteleras se han apresurado a solicitar la reducción de las tasas aéreas. Bueno, puede ser una fórmula para paliar los efectos. Pero hay que esmerarse con tal de evitar malas prácticas en el maremágnum de la confusión y la incertidumbre. Se trata de no erosionar la imagen de las islas, de hacer todo lo posible para que los turistas se lleven la mejor impresión posible dentro de sus penurias. Para que intenten volver, naturalmente.
Es la hora de las reuniones, de las negociaciones y de las alternativas. El sector turístico, sostén de la economía productiva en el archipiélago, se ha visto sacudido y no será fácil estabilizarlo. Administraciones públicas e iniciativa privada deben hacer todos los esfuerzos para salir del trance.
Puede que no se hayan visto en otro de estas características.


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