miércoles, 12 de junio de 2019

ABULIA (SIN QUIEBRA), DE ADRIÁN ÁLVAREZ

Setenta y ocho obras, dibujos en grafito y acuarela, en color y en blanco y negro, bajo el título genérico Abulia, cuelga hasta pasado mañana viernes, en el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (IEHC), Adrián Álvarez, quien había impactado en su debut, allá por enero de 2016, en el remozado Castillo San Felipe, cuando presentó, con éxito, la serie Flema. Entonces había lanzado un mensaje osado, hasta en los formatos sobre seda de sus collages. Ahora, dos años después de haberse alejado de los dibujos (“es que nada me salía”, dice), vuelve para recuperar la senda creativa y superar la falta de voluntad.

Y con esta colección, el joven artista portuense demuestra que si quiere, puede. A lo grande. Con un estilo que atrae. El que se adivina en la ansiedad que se desprende de algunos trabajos, en los vómitos o en la flotación colectiva. Adrián Álvarez no renuncia ni al erotismo ni a la provocación y hace su particular catarsis con trazos que caracterizan esa depuración de sentimientos y reclaman la atención del espectador.

Por lo tanto, supera esa etapa abúlica, esa desgana que no ha podido con las altas dosis de atrevimiento artístico que habíamos descubierto en su primera entrega. Prolonga las pautas sensibles de entonces, enriquece las impresiones que derivan de su concepción pictórica, madura los valores que ha venido acreditando.

Y que ahora habrá de revalidar en París, en una de esas oportunidades que que brinda el universo de la moda: han reclamado sus dibujos para unos catálogos de moda que, a la antigua usanza, verán la luz durante el próximo invierno. Quiere decirse que Álvarez retoma su poder creativo y que vuelve a gozar de inspiración para desenvolverse con originalidad (“cuando todo cobra sentido; no importa que pierdas un par de horas a ver qué sale”, sigue explicando).

Sale arte, pasión, rostros, poses, ensoñaciones, actitudes, imaginación... Sale lo que un creador lanza en busca de su madurez, utilizando las técnicas con las que se siente verdaderamente cómodo y con las que ha de conquistar otras metas. Bienvenida la Abulia, si se nos permite la licencia, con tal de comprobar que no ha habido una quiebra sino todo lo contrario.

Y es que la madera de Adrián Álvarez da para mucho.

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