miércoles, 19 de junio de 2019

CIUDADANOS, SOBRE TODO INEXPERIENCIA

Ya saben que somos muy respetuosos con las decisiones de los órganos de los partidos político, especialmente cuando afectan al ámbito interno, a cualquiera de sus componentes, máxime si son de tipo disciplinario. Mantengamos esa actitud.
Pero cuando trascienden al ámbito público y, de alguna manera, afectan a las instituciones representativas de la voluntad popular, es necesario ocuparse del alcance de esas determinaciones. ¿Qué pasa en Ciudadanos? Esa es la cuestión. Desde aquella histórica victoria en Catalunya, cuando Inés Arrimadas alcanzó un notable éxito, la formación ha entrado en una dinámica desconcertante, apenas paliada por el hecho de compartir tareas ejecutivas en la Junta de Andalucía.
Arrimadas renunció a formar gobierno en la comunidad catalana. Un error considerable, aunque las posibilidades de prosperar eran mínimas, de acuerdo. El catalanismo está a lo suyo, serán otros los escenarios, se estará pensando en otros menesteres; pero aquel intento hubiera puesto en evidencia que sí existía alternativa y que, frente al encono y la confrontación permanente, había posibilidades de fortalecer una opción creíble, moderada y en tono político creciente, hasta el punto de ocupar el espacio de centro-derecha como así ocurrió.
Desde entonces, Ciudadanos, invocando a Suárez, a los valores del centrismo, tratando de mejorar la implantación territorial, haciendo algunos fichajes sonoros, presentándose con un espíritu reformista o regeneracionista, tratando de desmarcarse de la derecha, no ha sido capaz de mantener un discurso coherente. Lo que afirmaba hoy era lo contrario al día siguiente. Sí pero no, ustedes ya entienden.
La estrategia pasaba por dar el 'sorpasso' al Partido Popular. Y para eso, Arrimadas bajaba a Madrid, al Congreso. Y Rivera fortalecía sus poderes para aumentar las expectativas. Más esperanzas, nuevas metas. Pero no ha resultado: resultados insatisfactorios en las legislativas y para no tirar cohetes, desde luego, en las autonómicas y locales. Es como si se hubieran descolgado de la escapada, o se hubieran desinflado.
Lo peor es que tampoco han salido muy bien parados que digamos en los procesos negociadores para concertar fórmulas de gobernabilidad y ganar unas cuotas de poder. Magros réditos.
Está claro que ha faltado experiencia para afrontar tales trances. Si a ello se añaden la incoherencia, los discursos contrapuestos, la fragilidad ideológica y el escaso peso de las direcciones territoriales en el marco de la organización -sin olvidarnos de que cuando se puede tocar poder, las líneas rojas palidecen- no son de extrañar situaciones como las de ruptura interna en el Ayuntamiento de Barcelona o las de advertencias europeístas a propósito de algo más que coqueteos con la extrema derecha o las de Canarias, donde se empieza creyendo a un candidato cuya suerte judicial es incierta y luego se cuestiona, desde dentro, el papel de quienes se mantuvieron firmes para poner punto final a una hegemonía a la que buena parte del personal tenía muchas ganas, tan solo por eso, por sus cuatro décadas de duración.
Ciudadanos, con la inexperiencia por delante, tendrá que analizar a fondo y valorar la secuencia que se inició con aquel triunfo moral de Arrimadas. Seguro que habrán escuchado y repetido la palabra autocrítica. Es hora de practicarla.

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