viernes, 21 de junio de 2019

EL HIJO DEL CHILENO


Marco González Mesa es desde el pasado sábado nuevo alcalde del Puerto de la Cruz. Volvió a superar en votos, que no en número de concejales, al candidato del Partido Popular, Lope Afonso. Ambos dieron, por cierto, una lección de saber estar, de caballerosidad, durante la sesión y al término de la misma. Es bueno que la política ofrezca estampas visibles de concordia, siquiera en momentos señalados como los presupuestos en una solemne sesión constitutiva de la corporación local. Ojalá se reeditaran a lo largo del mandato, independientemente de las discrepancias que la controversia política siempre depara.
Lo que son las cosas: a Marco le dimos entrada en política en la campaña de 1995, cuando dirigía su propio grupo de teatro. Aquello fue muy innovador: que hubiera una performance o una breve representación alusiva antes de los mítines, picó la curiosidad de no pocas personas. Unas no entendían nada y otras agradecían el que hubiera algo teatral antes del consabido mensaje político. Entonces, estábamos lejos de imaginar que algún día sería el regidor de los portuenses.
Cursó magisterio -con premio de fin de carrera por cierto- y materializó su vocación docente. “Soy el nieto de Berta, el hijo del Chileno (un popular futbolista local así apodado) y llego aquí con toda humildad”, dijo en su intervención de investidura, un guiño a sus orígenes familiares que los portuenses entendieron y aceptan. Enamorado de su barrio, La Vera, y de su pueblo, fue incursionando en política hasta que ganó una candidatura orgánica e hizo un primer intento que fue relativamente bien: venció en las urnas, pero la normativa mandó a su grupo a la oposición. Ahí empezó un largo camino en el que evidenció algunas flaquezas. El ejercicio de fiscalización, en efecto, no fue pródigo. Demasiado blando. Pero sirvió para forjar su liderazgo, a base, sobre todo, de presencia en barrios y festivales y de contactos personales con agentes sociales. Su trabajo no fue en balde: ahora (si se nos permite la expresión) tendrá que bajarse de la carroza, al asumir responsabilidades públicas que se resumen en una entente de gobierno y en la necesidad de reconducir la gestión de un Ayuntamiento que precisa de una atención las veinticuatro horas del día, dadas las peculiaridades que lo envuelven, y de la supresión de algunos vicios que lo han maniatado No se duda de su capacidad para hacerlo y a pesar de la inexperiencia de los componentes de su candidatura seguro que sabrá cohesionarlo y conducirlo. El Puerto de la Cruz requiere dedicación: en el nuevo ciclo político no hay un día que perder pues algunas asignaturas apremian. Muchos portuenses sufren -y se quejan- la lentitud de algunas actuaciones o la eternización de cuestiones como la falta de mantenimiento en los servicios. Llegó la hora de los hechos, de imprimir un giro en muchos casos.
El hijo del Chileno, que retoma la línea de los alcaldes socialistas de la ciudad, sabe que va a ser exigido. Ahí tiene una oportunidad para demostrar que otras políticas son posibles. Con temple y con ganas, que ya ha acreditado, ciertamente. Que tenga suerte.

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