viernes, 26 de junio de 2020

BUENAS NOTICIAS


En los despachos, en las sedes de reuniones, hasta en las conversaciones telefónicas o en las mensajerías móviles no habrán dicho ¡albricias! pero se habrá respirado con cierta satisfacción. Después de tantas penurias y de tantas amarguras, no solo las derivadas de la pandemia, las buenas noticias se han sucedido en un breve lapso de tiempo. Duran poco, ya se sabe, y por eso hay que saborearlas, máxime cuando siempre queda gente en el bando adversario que no se conforma e incursiona algún ataque por otra vía y en otro frente. Ley política, aunque no esté escrita.

Ejemplos: el ministro de Sanidad, Salvador Illa, es ovacionado antes de empezar su defensa del decreto que regula las características de la que llaman desde hace meses nueva normalidad. Recuerda el episodio aquel en que José Barrionuevo, ministro del Interior, en el primer Gobierno de Felipe González, recibió el aplauso casi unánime del Congreso de los Diputados. Tiene Illa un cierto aura de paciencia benedictina, un tipo de bonachón, capaz de aguantar sin descomponerse las más duras arremetidas de un rival político. Es difícil de aceptar que algunos le reprocharan su condición de filósofo, a quien conocimos cuando su etapa municipalista. La intervención de Illa en la comisión de Sanidad y Consumo del Congreso, ponderando las intervenciones, uno a uno, de los portavoces ante los que debía explicar la evolución de la pandemia y rendir cuentas, será recordada cuando se quiera hablar de ‘fair play’ político.

El decreto, por cierto, fue aprobado con una amplia mayoría. El Partido Popular (PP), sumándose a PSOE, Ciudadanos y PNV, votó a favor, otra señal de reconsideración de estrategias anteriores que no les debieron haber sido muy útiles. Pablo Casado señaló en el debate que es partidario completar la disposición en su tramitación parlamentaria “para que España salga de este problema cuanto antes”. Sus propuestas relativas a la potenciación del sistema de vigilancia del virus y a la Atención Primaria han sido recogidas. Por si fuera poco, la Organización Mundial de la Salud (OMS) felicita a España por controlar los rebrotes.

Las negociaciones fueron durísimas y aparentaban que no habría acuerdo pues la patronal CEOE apenas movió posiciones. Sin embargo, el ejecutivo logró establecer una entente con empresarios y sindicatos de modo que se alargan los instrumentos extraordinarios de suspensión de empleo más allá de su plazo de caducidad señalado para el 30 de junio. El lado significativo del acuerdo: las exenciones a las cotizaciones sociales de los empleados se expanden de los ERTEs extraordinarios a los ERTEs ordinarios, un punto clave para atraerse a los empresarios. Eso sí, esas exenciones se gradúan y modulan. Sobre el papel, paz social. En todas las modalidades de los expedientes, se restringen las posibilidades de hacer horas extraordinarias, externalizaciones o contrataciones: no se podrán hacer, y será una acción sancionable, mientras haya trabajadores suspendidos, a menos que sea imposible para la empresa cubrir sus necesidades con los empleados que están en el ERTE. Todo se tendrá que examinar con la representación de los trabajadores en la empresa. Además, el compromiso de mantenimiento de la plantilla. En principio, paz social. Hasta el 30 de septiembre. Hay que congratularse.

Y Nadia Calviño, la economista del estado, alta funcionaria de las instituciones europeas, actual vicepresidente tercera del Gobierno y ministra de Asuntos Económicos y Transformación Digital, presentó su candidatura a la presidencia del Eurogrupo que disputará a un luxemburgués, Gramegna, y al irlandés Donohoe. Su padre, el abogado José María Calviño Iglesias, director general de RTVE con el Gobierno de Felipe González, se sentirá orgulloso, desde luego. Confiemos en que salga airosa de esa liza. Un honor para España, dice el presidente Sánchez.

En fin, que son horas tranquilas para el Gobierno. ‘Good news’, buenas noticias. El mejor clima, desde luego, para materializar los avances en la Reconstrucción Social y Económica de España cuya comisión parlamentaria ha sido abandonada por la representación ultraderechista. Allá ella.


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