lunes, 8 de junio de 2020

TRAS EL DEMOLEDOR IMPACTO...


Nos está pasando. En el camino de la normalización, vamos avanzando, lentamente, hacia horizontes de estabilidad, mejor dicho de cotidianeidad, también el periodismo. No solo son noticias del virus y sus consecuencias: también hay que ocuparse de otros hechos noticiosos, de actividades que se recuperan, de preparativos, de aplazamientos y de aniversarios. Si nos apuran, hasta vamos tejiendo las derivadas de la experiencia que ha significado ocuparse de la pandemia en tiempos de la pandemia. Que aún no se puede dar por finalizada, de acuerdo; pero que ya empieza a ser contemplada con cierto sentido de perspectiva. Y en algunos foros –escasos, eso sí- hasta se habla de reconstrucción. Hay que ocuparse de ella.
Veamos algunos ejemplos: el consumo de información. Ha aumentado de forma extraordinaria a lo largo de los últimos meses. Ha crecido, especialmente, en los grandes medios. En concreto, en la televisión. Y de forma paralela, no debemos olvidarlo, en las redes sociales, donde se ha venido librando la batalla del radicalismo ideológico y de las noticias falsas. Los consumidores han compatibilizado el uso de los medios generalistas y más abiertos con el de los especializados y fragmentados, precisamente a través de las redes.
El confinamiento contribuyó a la televisión convencional a recobrar una iniciativa que ha ido apagándose o no existía a lo largo de los últimos años. Se notaba un esfuerzo de competencia. Es verdad que, a medida que avanzaba la pandemia, mucha gente se hartó y prefirió consumir productos alternativos, como series emitidas en plataformas. Pero no puede negarse que la información resultó ser el género más seguido. Ruedas de prensa completas, vigencia del directo, informativos con amplia utilización de las videollamadas… Los grandes programas de espectáculo o la producción de series se vieron interrumpidos. Hubo que recurrir al videoarchivo y rescatar con probada frecuencia. Y hasta los magacines terminaron introduciendo testimonios o tratamientos de hechos de alguna manera vinculados a los estragos del virus.
Los analistas apuntan que, en el fondo, esa fue la salvación pues la publicidad tendió a la baja y las cadenas a duras penas mantenían los costos de una programación convencional. El sector de la producción de programas y series en televisión intenta salir de los bajo mínimos pero le costará muchísimo. Que se tenga en cuenta, además, el éxito comercial de las series, al no depender de la publicidad sino del abono directo de los usuarios. No se conoce, por ahora, alternativa española al que resulta ser uno de los negocios impulsados por la emergencia sanitaria mundial Otro ejemplo: la eclosión de las redes sociales. Incontenible. Señala el crítico José Miguel Contreras que “la extensión de su capacidad de interconexión tiene un grave inconveniente: el descontrol absoluto de los contenidos”. La proliferación de campañas de intoxicación organizadas no solo es evidente sino que se sucede a ritmo de vértigo. Para colmo, nadie quiere hacerse responsable de lo que aparece, con fines perversos, malintencionados, y con fraseología despectiva o insultante. La aportación a la contaminación informativa tiene mucho peso y abona la teoría de Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas: “El azote de la desinformación”. Sirva este dato: el último estudio realizado al respecto por el “Pew Research Center”, en Estados Unidos, concluye que los ciudadanos que se informan prioritariamente por redes sociales “son los que menos saben sobre la evolución de la COVID-19 y más de la mitad de ellos (57%) son conscientes de acceder cotidianamente a datos falsos sobre el asunto”. Es tremendo.
Habrá que seguir ocupándose de estas repercusiones en los medios. Prensa y radio también acusan la crisis de la publicidad. La debilidad del mapa mediático es evidente.

Día 84 de la alarma

Efectivos del servicio municipal de limpieza replican a voz en grito, cuando aún es de noche, a alguien que grababa sus tareas (se entiende que sin autorización) desde una cafetería próxima. Si ya los ruidos de la maquinaria, en esas tempranuras, se escuchan hasta retumbar, imaginen cuando se alternan con reproches o expresiones de enfado en voz alta. No pasó más.
La misa del domingo en la Peña empieza a partir de hoy a las 8.30 horas. Se supone que medirán la respuesta de asistencia para determinar si se impone ese horario para cuando finalice el estío. Hoy estaban los habituales, tan respetuosos con las indicaciones, solo que cambiados de sitios.
Un pensamiento en el muro de facebook es tendencia: “Más humildad, menos prepotencia”. Es muy genérico, claro que sí. Válido también para algunos que frecuentan la red social, un auténtico campo de batalla donde dirimir el radicalismo ideológico y las noticias falsas, tal como escribimos en la primera parte de la entrada después de haber leído el informe de un instituto de investigación sociológica norteamericano.
Mensaje de Nico Castellano, periodista de la SER, desde Madrid. Su reportaje sobre el papel de la radio durante la pandemia cubriendo casi todos los huecos físicos dejados en las escuelas y colegios está lleno de sugerencias y matices. Invita a imaginar poblaciones remotas donde los educandos hacen todo un esfuerzo para no quedarse atrás. Nos congratulamos de que la lección de Radio ECCA haya sido bien aprendida por tantos docentes y tantos responsables de departamentos empeñados en que nadie se quede sin aprender.
Comparecencia del presidente Sánchez después de reunirse con sus colegas autonómicos. El fondo no reembolsable de diecisiséis mil millones de euros distribuir tiene unas finalidades prioritarias de gasto: para educación y sanidad, el setenta por ciento. El resto será para mitigar la caída de ingresos por el desplome de la economía. Algunos presidentes, de distintos signos políticos, no están de acuerdo con los criterios. Quim Torra, presidente de la Generalitat, también discrepa y se muestra contrario “a los vaivenes del ejecutivo”. El presidente canario, Ángel Víctor Torres, si está de acuerdo con la proposición del Gobierno pero apoya al presidente gallego, Alberto Núñez Feijoo, que aspira a que cada territorio disponga de los fondos en educación para redistribuirlos según sus necesidades.
Colas considerables en una heladería ubicada en el costado sur de la plaza del Charco, mientras aprieta la tarde calurosa. Pronto, en las proximidades, se iniciarán unas obras de mejora y acondicionamiento, en la calle Blanco, adjudicadas por el Cabildo Insular de Tenerife, con el informe favorable del área que se ocupa de implementar el Plan de Activación Económica y Social de la isla que coordina José Gregorio Martín Plata. Las obras durarán ocho meses. Serán ejecutadas por ‘Copisa Constructora Pirenaica S.A.’, con un presupuesto de quinientos treinta y cuatro mil noventa y siete euros en números redondos, financiado a tres bandas: Cabildo, Gobierno y Ayuntamiento.
Llamada de Ángel Tristán, que prepara libro. Quiere concretar algunos extremos de aquella crisis de migrantes que se vivió en Canarias en la segunda mitad de la primera década del siglo. Recordamos el episodio del antiguo campamento militar de Las Raíces (El Rosario) en la parte alta del aeropuerto ‘Tenerife Norte Los Rodeos’.
Se avanza hacia la fase 3. El Gobierno de Canarias se hace cargo de la desescalada. Ya de noche, sorprende una llovizna. Pero la cola en la heladería prosigue.

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